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Bendiciones

Reflexiones sobre las declaraciones del Papa

Colaboración de Silvia Susana Jácome (*)

1ª. de dos partes.

Hace unos días nos enteramos que el Vaticano aprobó la bendición para parejas homosexuales, pero aclaró que eso no significa que esas uniones puedan ser reconocidas como matrimonio. De entrada, pudiera ser una buena noticia y una señal de la apertura al interior de la iglesia católica romana; pero hay que ser prudentes y analizar todo el contexto antes de echar las campanas a vuelo.

Por principio de cuentas, la medida rechaza cualquier rito u oración que, al momento de la bendición, pueda crear confusión. La intención es que nadie se confunda; que quede claro que los gays y las lesbianas son católicos de segunda y que no sólo no pueden acceder al sacramento del matrimonio, sino que tiene que quedar muy claro que esa “bendición” no es un matrimonio ni nada que se le parezca.

La información precisa que éstas son parejas en condición “irregular”. Claro, porque una unión “como Dios manda” es entre hombre y mujer. Lo normal, pues. Y es para que se reproduzcan, si no, pues para qué se casan, ¿verdad?

También señala el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe –lo que en su momento fue el Santo Oficio- el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, que “se puede entender la posibilidad de bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo, sin convalidar oficialmente su ‘status’ ni alterar en modo alguno la enseñanza perenne de la Iglesia sobre el Matrimonio”. Eso de la enseñanza perenne de la iglesia sobre el matrimonio es lo que ya decíamos, la unión entre un hombre y una mujer para tener los hijos que Dios les dé. En pocas palabras, ni se hagan ilusiones hermanos gays y hermanas lesbianas, la enseñanza perenne de la iglesia sobre el matrimonio no se va a alterar, así es que confórmense con que les demos la bendición, no merecen otra cosa.

En la declaración que lleva por título “Fiducia Supplicans: sobre el sentido pastoral de las bendiciones”, y que da pie a las parejas homosexuales a recibirlas, se menciona que “en su misterio de amor, a través de Cristo, Dios comunica a su Iglesia el poder de bendecir. Concedida por Dios al ser humano y otorgada por estos al prójimo, la bendición se transforma en inclusión, solidaridad y pacificación. Es un mensaje positivo de consuelo, atención y aliento”. La bendición, dice, se transforma en inclusión y solidaridad. ¿Puede haber inclusión y solidaridad cuando mi hermano sí puede casarse con su novia y yo solamente me tengo que conformar con que mi novia y yo recibamos la bendición?, ¿eso es un mensaje de consuelo, atención y aliento?

Ahora bien, no se nos olvide que, en enero de este mismo año, en una entrevista para la Associated Press, el papa Francisco dijo que “todos somos hijos de Dios, y Dios nos ama como somos y por la fuerza que cada uno tiene para luchar por su dignidad. Ser homosexual no es un delito. No es un delito. Sí, pero es un pecado”.

No hace ni un año que Francisco declaró enfáticamente que la homosexualidad es un pecado. ¿Cómo queda el tema del pecado con esto de las bendiciones?, ¿se van a bendecir uniones pecaminosas?, ¿la homosexualidad ya no será considerada pecado? La información no dice nada al respecto, pero queda la duda y sería bueno que el Pontífice, o el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la aclarara.

Ahora bien, hay opiniones que señalan que esta es una buena noticia por dos razones; la primera, es que se manda un mensaje a la sociedad acerca de que, al final, si las uniones homosexuales se pueden bendecir, pues no son tan malas. La segunda, es que es un paso hacia la total aceptación e inclusión de las personas LGBT en la iglesia católica romana. Son opiniones que respeto y considero que pudieran tener validez, pero he de confesar que tengo algunas reservas.

Mtra. Silvia Susana Jácome

(*) Silvia Susana Jácome

Licenciada en Comunicación. Maestra en Educación Sexual. Autora de la novela “Piel que no miente; Mayela, una mujer transexual”. Guionista y Directora del cortometraje “Adiós hombre, adiós”, 1er. lugar en el rubro de Animación en el III Festival de cortometrajes “El cine a las calles”.

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