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Charla, de cerquita, con Samantha Flores

6a. parte de algunas más.

Continúa nuestra charla con Samantha Flores, quien nos comparte más de sus hermosos recuerdos.

Y tú, ya viviendo allá en México, ¿tuviste contacto directo con otros personajes como por ejemplo Juan Jacobo Hernández?

Juan Jacobo fue muchos, muchos, muchos, muchos, muchos años después. Esto que te estoy hablando, debe haber sido en los setentas, yo creo. Cuando yo conocí a la Xóchitl, ya en México, habíamos organizado una sociedad de gente gay, de bares.

Platícame de esa sociedad.

A mí me pasó, en mi caso me pasó, porque conocí a un muchacho que vivía en la casa de Alma Muriel, él era del grupo de la mujer de Benny Ibarra.

¿De Julissa?

 Si, de Julissa, de ese grupo. Y él estaba en el grupo de “Jesucristo Superestrella”, y todo eso.

Creo que era “Vaselina”, en aquella época.

 “Vaselina”, ¡exactamente! Y entré yo a ese grupo de conocidos, por este chavo, y ya conocí a todas ella. Con quien mejor amistad hice, fue con Alma Muriel. Alma fue mi amiga del alma, hasta que murió. Y así es como yo entré al grupo de cine, de teatro, de televisión. Ahí conocí a Ana Martín, a Kitty de Hoyos, a Jaqueline Andere,  a Elsa Aguirre, a Laura León, ¡mugrosa! (Y reímos nuevamente a carcajadas).

Entonces, yo trabajaba en hoteles, pero ya iba yo a los bares gays.  Y con esas amistades, por ejemplo, el D´Val (Se encontraba ubicado en la llamada “Esquina Mágica”: Baja California e Insurgentes, en la colonia Roma) ¿Te acuerdas? Sí, bueno, pues Marta, la dueña de D´Val,  me dijo: -“Samantha, tú que conoces a tantos artistas, ¿por qué no me traes a un artista el próximo miércoles, que vamos a festejar el aniversario?”, un cóctel de publicidad, algo así, -“¡Y te pago una lana!”. Entonces yo no me acuerdo a quién le dije, creo que a Ana Martín, o a alguien le dije. Francis también era muy amiga mía.  –“Ayúdame a ganar una lanita, que me van a dar ahí. Vamos, y te van a atender como reina, lo que tú quieras tomar y todo”.

Pues Francis llegaba conmigo y tomaba coñac, y le ponían el coñac, de lo mejor, para que tomara. Yo salía por supuesto, dando las 12:30, o a la una, me salía. Francis se quedaba hasta las seis de la mañana. Y así fue como comencé a hacer relaciones públicas con artistas, y me dio muy buen resultado. Por ejemplo, Angélica Vale, Ana Martín, La León, ¡mugrosa que me robó $15,000.00! Y, pues comenzaron a pedirme de provincia: -“Tráenos un artista y te pagamos, también”. Y así comencé a conocer a los artistas y todas las discotecas gays de Veracruz, de Guadalajara de Querétaro, de Yucatán, del Estado de México, y llegó un momento, lógicamente, que las artistas ya dijeron: -“No pues, yo también quiero cobrar”, claro, era lógico. Entonces ellas se llevaban el dinero y yo ya no ganaba nada.

Me daban $20,000.00, y les daba yo $16,000.00 a ellas, yo me quedaba con $4,000.00, y yo tenía que hacer todo el trabajo, y toda la labor, y todo, y tuve la desgracia para mí, de que se inventó esto (Toma entre sus manos su teléfono celular y lo muestra), y ya no me necesitaban. Era la fuente de comunicación universal para ir a China, a Australia…

Pero entonces comenzó la fiebre de los strippers y de las tangas, y entonces comencé a trabajar con los strippers. Primero los strippers, y después las tangas.

¿Eras su representante?

Si. Llegó un momento en que yo les conseguía los contratos, y estaba en la revista “Boys and toys” de Arturo Costes, mi padrino. (Y suelta otra gran carcajada).

¿Tu padrino?

Un día me invita a comer Arturo a su casa, y me dice: -“Alan [Pareja de Arturo] y yo hemos estado pensando en ti, Samantha. Y queremos bautizarte”. Ay, yo dije: “Están relocas”. Es un super personaje, Arturo Coste. Yo le dije, -“Pues déjame averiguar”. Nada más por curiosidad fui a una Iglesia, ni tenía idea de nada. Recorrí todas las iglesias, pues ya me dio curiosidad, no por mí, sino por curiosidad, porque averigüé, que a mi edad si puedes volverte a bautizar, porque reafirmas tu religión, tu confirmación y bautizo, los reafirmas.

Por fin encontré en la [Iglesia] “Sagrada Familia”, que está en Orizaba [Colonia Roma], que ahí si me podían bautizar, pero teníamos que tomar clases de bautismo, como todos los papás toman con los para los niños.

Alan no quiso por supuesto, porque es judío. Arturo y yo íbamos, fuimos a tres clases y me bautizaron. ¡Que loquera!, ¿no? Pero para esto, antes, vino lo del reconocimiento de El Nuevo Nombre, porque hasta entonces yo no tenía papeles. Yo fui Samantha Flores, durante 20 años, ¡y no existía yo legalmente!, no había nada.

Viene la cosa legal: costaba el principio $ 60,000.00 cambiar de nombre. Por supuesto que las que podían cambiarse de nombre, eran las chicas trans que trabajaban en la calle, y a nosotros qué nos importa. Me decían: -“Yo soy Magnolia, le guste o no le guste a la gente. ¿Para qué quiero los papeles?”. Yo comencé a averiguar, ¡y averigüé tanto tiempo! Teníamos que hacer examen psicológico, y presentar un documento de un psiquiatra, de que mentalmente estábamos acondicionadas para tomar el rol femenino, pero también teníamos que ver a un médico físico, para someter a un tratamiento de hormonas, y que si podíamos adaptarnos y dar un buen resultado positivo al servicio de hormonas.

Tuviste que ir con el médico, el psicólogo y presentar tus papeles.

Si, pero ya no me costó $60,000.00, ya costó $36,000.00, pero Arturo Coste me dio el dinero, yo no lo pague, pero lo pagó a Arturo Coste, en los 90 y tantos, y entonces ya pude sacar mi pasaporte. Ya los últimos viajes que hice a Europa, ya los hice con ese pasaporte.

Todo eso fue cuando Samantha “adquirió la mayoría de edad”, porque ya pudo tener su pasaporte, y todo eso, porque antes, Samantha era menor de edad, no podía tener una identificación legal.

¡Totalmente! ¡Yo no existía! Pero mira, pasó una cosa muy curiosa, y aquí, en México.

Lo de “los machos”, te digo que es muy relativo, porque yo llegaba con mi pasaporte anterior para [pedir] el pase de abordar, para España, que es el país que más visito; lo veía el empleado, me daba el pase de abordar, y: -“Señora por favor, por la puerta número 6, con el pasaporte en mano”. Podía más el aspecto físico, que los papeles. Y en España me pasó una vez, creo que, en Sevilla, iba yo a tomar un avión y ahí fue por la edad, y eso fue muy reciente. Al señor que le di mi pasaporte para el boleto, me dijo: -“Señora, por la edad, usted ya tiene descuento. Vaya al escritorio de ahí enfrente, y presente su pasaporte, para que le hagan el descuento”. Con mi pasaporte yo nunca tuve problemas.

En Estados Unidos, yo aborrecí a Estados Unidos, ¡pinches gringos mugrosos, analfabetas! A mí nunca me pasó nada por ser rubia, y hablar inglés. Yo nunca tuve ningún, ningún problema, pero vi cómo trataban a mis paisanos entre más latinos se veían, entre más morenito, y todo esto, los tratan de “hijos de puta, analfabetas, ignorantes”, ¡los trataban horrible! Yo dije: -“¡No vuelvo jamás a Estados Unidos!” ¿No ven lo que les pasa, todo lo de Vietnam? ¡Malditos! Producen armas de guerra, ¿para qué? ¡Para destruir el mundo! ¡Esa es su fuerza económica, su supremacía mundial! ¡Todos son unos ignorantes, analfabetas!” Un día un chavo, me preguntó qué de dónde era yo, y yo le dije que de Veracruz. Se voltea y me dice: -“¡Pareces de Venezuela! Nada más fíjate ¡que ignorantes!

La próxima semana continuaremos compartiéndole a nuestro público de arcoiris.city estas maravillosas historias vividas por Samantha Flores, una mujer trans que hoy disfruta de 90 años de edad.

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