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Charla, de cerquita, con Samantha Flores

¿Cómo era el amor LGBT en los años 40 del siglo XX? Continuamos nuestra charla con Samantha Flores, 3ª. de 6 partes

Cuéntanos, ¿cómo fue que a los 13 años, en Orizaba, tuviste tu primer amor?

Yo entré a 1º. de Secundaria y un día se acercó un muchacho, a preguntarme sobre una amiga mía, que estaba en mi año. Yo acababa de entrar a la escuela yo no sabía nada de ella, solo que era mi amiga de la escuela y nada más. Y al otro día me volvió a abordar de nuevo: -“ Cuéntame más de tu amiga”, me decía. Y ya fue así todos los días. O me iba a dejar a la escuela, porque él también estudiaba, él tenía 19 años, o me llevaba a mi casa.

En el camino de mi casa a la escuela había una Alameda, qué hora se llama “Cri Cri”, por Gabilondo Soler, que es de Orizaba, entonces iba y platicábamos; más bien él platicaba. Yo era muy niño, estaba prácticamente encerrada en mi casa, no salíamos a jugar al “Burro castigado”, ni a los “Encantados”, todo lo que juegan los niños en los barrios.

Yo creo que, a los 3 meses de eso, yo ya estaba enamorada de él, seguíamos siendo amigos. En esa época, ¡y ahora!, en un lugar pequeño, en un pueblo pequeño, es muy difícil que tú tengas un novio. Puedes tener un amigo, pero ya saben que ustedes son novios, pero no te puedes besar en la calle todavía libremente, ya sucede, pero no tan libremente. Van dos chavos agarrados de la mano y volteas, a nosotros nos da gusto, ¡mucho!, pero, ¿cómo reacciona la demás gente? Qué rico que así me hubiera tocado a mí.

Cerro del Borrego

En aquella época, la mayoría de edad se conseguía a los 21 años. Él ya había hecho su servicio militar a los 18, y yo lo conocí cuando salió del servicio militar que ya tenía 19, pero era menor de edad todavía, y yo de 13 años, también era menor de edad. Total que tres o cuatro meses después, yo me di cuenta que él seguía yendo por mí.

Frente a mi casa, como a seis cuadras, hay un cerro, el famoso “Cerro del Borrego”, que fue el Fuerte de los franceses cuando invadieron, porque está el cerro aquí, y está el camino real acá; así es que veían de aquí el Tanque, o cuando venían del Tanque, por eso estaba el Fuerte francés arriba; entonces había camino para subir hasta la parte de arriba, no sé yo como, lo inventó él, y comenzamos a subir. (A partir de este momento, y durante la siguiente descripción, Samantha, mueve las manos y los brazo, ilustrando visualmente, lo que nos cuenta con sus palabras) A la mitad del cerro había una Cruz, que se llamaba la “Cruz de Sorcia”, y es el camino para subir, y después había otro camino que iba más hacia arriba, y en la unión de esos caminos estaba la “Cruz de Sorcia”, y dábamos la vuelta a la parte de atrás de la Cruz, y ya estábamos del lado descampado, del lado de Orizaba, y ahí eran ¡los besos!

No había otra cosa, pero yo creo que, ahora que lo pienso, él también comenzaba a experimentar, porque me decía: -“Abre la boca… Ponme la lengua… Méteme la lengua… Yo te meto la lengua y me la chupas… Chúpame los labios…”.

Luisa Fernanda”. Zarzuela española de Federico Moreno Torroba. 1932

Su papá era empleado de una fábrica de telas y tejidos en Orizaba, importante, y al señor yo creo que le gustaba la opereta. Y su opereta importante era la “Luisa Fernanda” de Moreno Torroba, así es que mi novio ya se sabía toda la música de la “Luisa Fernanda”, y lógicamente yo me la aprendí. Fíjate, cuando estuve en Madrid, y yo les contaba todo eso a los muchachos, ellos ni siquiera sabían quién era Moreno Torroba, a ellos ya les gustaba la música moderna, el rock.

Pero en aquel entonces, él me la cantaba: (Sam canta emocionada, con mucha dulzura y gran brillo en los ojos):

Ay mi morena, morena clara.

Ay, mi morena, que gusto mirarla.

Toda mi vida, mi compañera.

Toda mi vida, será mi morena

 Así es que fue lindo porque me educó, y por él yo conocí a los poetas mexicanos. Y así, el 10 de mayo decían –“¿Quién va a recitar “El brindis del bohemio”?¡Flores!¿Quién va a hacer esto todo eso? –“¡Flores!” ¡Me encantaba! Pero ya con él, conocí a los poetas españoles también, como Gustavo Adolfo Bécquer.

Era diferente… Así es que recibí cultura, y ahora que lo pienso, encontré el placer del sexo entre dos hombres; me enseñaba a besar, “bésame el cuello, bésame la oreja…” me besaba él la oreja, pero yo me acuerdo que bajando el cerro, no bajamos juntos, y me acuerdo que me escurría el líquido seminal en las piernas… pero lo increíble es que nunca me penetró, porque me hubiera lastimado, y yo creo que era por encima nada más, me bajaba el pantalón… por eso me escurría.

Y yo bajaba corriendo, porque en mi casa, mi papá trabaja en la Cervecería “Moctezuma”, donde se hace la cerveza “XX”, y vivíamos muy cerca de la fábrica, entonces mi papá tenía chance de 20 minutos, media hora para comer, así que salía volado de la fábrica y llegaba a sentarse, y el plato ya estaba puesto, pero para esto, ya sus tres hijos ya deberían estar ya sentados, porque el pobre se mataba trabajando, nunca nos veía. Se iba a las 4:00 de la mañana a trabajar, y no nos veía. A las 7 ya estaba durmiendo, para levantarse al otro día temprano. Nosotros salíamos de la secundaria a las 7, íbamos llegando 7 y 20. Así que nunca nos veía, por eso él quería que estuviéramos a la hora de la comida, sentados ahí, para ver a sus hijos. Yo tenía que bajar corriendo del cerro, para estar sentadita a la hora de mi papá, y siempre llegué a tiempo.

¿Siempre fuiste una buena hija?

 Pues mira, realmente en ese tiempo, de niños, piensas que es miedo, que después se vuelve respeto. Está pasando el tiempo, y todavía a mi edad, mi padre murió hace 30 años, y todavía a esta edad, cada día, quiero más a mi papá, porque imagínate todo lo que me tuvo que aguantar, para un macho, para la época, tú crees que siendo el jefe de un grupo de 40-80 obreros atrás de él: -“Ya vimos al puto de su hijo, esto, y al puto de su hijo, lo otro…” “El maricón, hijo de fulano… no sé cuánto…” Tuvo que chutarse todo eso…

¿Siempre te apoyó?

Siempre. De eso nunca se habló. Muchos años después, ya siendo yo Samantha Flores, iba yo a mi casa a Orizaba y me disfrazaba de hombre, según yo, me ponía una peluca de hombre, así de pelo negro, pues ya era yo rubia, no me maquillaba, me ponía una gorra, una cachucha, una chamarra de cuero, de hombre, grandotota para taparme los implantes, y una vez entré, con mi papá, ahí estaba, como a esta distancia (Señala aproximadamente seis metros), viendo la televisión, acuérdate que las puertas se medio cerraban, esta entonces estaba medio abierta, y metí la mano, quité el pasador, y me metí. Iba yo a la mitad de la sala, cuando mi papá, volteando, me dijo: -“¡Eres tú hijo! Yo dije: y esa muchacha tan guapa, ¿quién es? ¿Tú crees que no sabía?

Old rusty bicycles parked up in the garden.

¿Alguna vez te violentó o te regañó por ser tú?

Nunca. Nunca discutimos por eso, nunca, nunca, nunca. En mi casa, mis papás, a pesar de ser pobres, y sin estudios, nunca se pelaron. A mi me regañaban, pero por necia. Si pasábamos año, mi papá nos daba un regalo, pero teníamos que pasar de año. Una vez, mi hermano pidió una bicicleta, y le compraron la bicicleta, ¡ay!, ¡yo me puse celosísima, celosísima!, de que a mi hermano le habían dado una bicicleta. Y mi papá se dio cuenta y me dijo: -“¡Ah! ¿Quieres pedalear?” Entonces me agarró del brazo con una mano y con la otra, agarró la bicicleta y nos llevó hasta la Alameda, esa que te digo, y me dijo: -“¡Súbete!”, y yo temblando, me subí a la bicicleta y me caía. Me agarró del asiento mi papá, y empezó a aventarme. Y yo así aprendí a andar en bicicleta. Y me gritaba: –“¡Eres un bobón! ¡No entiendes como se debe hacer! ¡Agárrale el manubrio, bobón! ¡No pongas las patas para abajo, bobón!” Y no sé cuánto. “Bobón”, fue el máximo insulto que me llegó a decir mi papá. Pero nunca la mano encima.

Mañana, continuaremos conociendo las memorias de Samantha Flores, activista LGBT de la 3era. Edad.

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